AGRESIVIDAD INFANTIL


AGRESIVIDAD INFANTIL
Antes de saber cómo manejar estas situaciones, hay que entender que la agresión es parte natural de la vida de todo niño saludable en tanto que es su forma de comunicación, la expresión de una de sus emociones más autenticas. Por ejemplo cuando era bebé y estaba hambriento o mojado, lloraba; luego al año, era capaz de coger los objetos y arrojarlos al suelo si es que algo lo enojaba. Pero a partir de los dos años, los niños mejoran sus capacidades motrices como desplazarse, correr, jalar, patear, y sus capacidades lingüísticas al expresar sus necesidades, sentimientos, su cólera y sus disgustos. También, como parte de su etapa egocéntrica, sentirá que todo le pertenece, que todo gira en torno a él y es para él, se iniciarán las peleas con otros niños y empezará a expresar su agresividad de diversas maneras, golpeando, pateando, empujando o mordiendo.
 Por otro lado, vemos que un niño no sólo manifiesta su agresividad golpeando o insultando a otro (agresividad directa); existe una agresividad indirecta o contenida, que se manifiesta cuando el niño grita, hace muecas o murmura su frustración, un ejemplo claro es cuando tira al suelo un rompecabezas que no logra armar.
Es en estas primeras etapas en las que, los niños necesitan ser guiados y aprender alternativas adecuadas de expresar su enojo, sin hacer daño a los demás ni a sí mismo, de lo contrario tendremos un niño con problemas en sus relaciones sociales, incapaces de cumplir normas y probablemente con una autoestima muy frágil por ser rechazado por sus compañeros e inclusive por sus propios familiares.

CAUSAS O FACTORES QUE PREDISPONEN LA AGRESIVIDAD
  • Por imitación: Cuando existe en la escuela, familia o entorno cercano, personas que agraden física o verbalmente, los niños copian modelos y erróneamente aprenden que ésta es la manera de resolver las cosas y conseguir lo que quieren.
  • Relaciones conflictivas en el ambiente familiar: Las peleas entre lo padres, un ambiente conflictivo, puede inducir al niño a comportarse agresivamente.
  • Inadecuados estilos de crianza: Cuando se deja hacer al niño lo que quiere y no se le enseña a no agredir a los demás, estará acostumbrado a no respetar normas.
  • Cuando existe incongruencia en el comportamiento de los padres, cuando los padres desaprueban la agresión castigándola con su propia agresión física o amenazante hacia el niño. Asimismo se da incongruencia cuando una misma conducta unas veces es castigada y otras ignorada, o bien, cuando el padre regaña al niño pero la madre no lo hace.
  • Falta de afecto hacia el niño: Cuando existe negligencia en la crianza de los padres, no se le brinda los cuidados, la educación que necesita, no se felicita sus buenas conductas o sus logros, el niño tratará de llamar la atención de sus progenitores de muchas formas y al no conseguirlo, reaccionará con la agresión como único recurso efectivo.
CÓMO ENSEÑAR CONDUCTAS ADECUADAS:
  • Enseñar con el ejemplo: Si el niño observa que sus padres utilizan la agresión, creerá que esa es la forma de solucionar las cosas. Bríndele buenos ejemplos, resuelva los problemas conversando, si no puede evitar la discusión, no lo haga frente al niño, la conducta de los padres es su principal modelo de aprendizaje.
  • Corrija la conducta inadecuada, si observa que el niño pega a otro o reacciona con agresividad, sosténgalo de los brazos, mírelo a los ojos y con serenidad y firmeza dígale: “sé que estás molesto pero no podemos hacer daño a los demás”. Probablemente el niño llore o haga una pataleta, no debemos hacer caso, poco a poco entenderá que este tipo de conducta no se puede aceptar. Luego converse con él y dígale lo que usted espera de su conducta, sea breve y claro en sus instrucciones.
  • Felicite la buena conducta, la corrección no es la solución a todos los problemas, hay que recompensar la buena conducta mediante palabras y gestos aprobatorios como “lo haz hecho muy bien”, “te estás portando bien, me alegro”. El niño necesita sentir que conductas son adecuadas, el objetivo es que a la larga esta retroalimentación o recompensa sea sentida por el mismo niño por el solo hecho de haber actuado de manera adecuada.
  • Enséñele otras alternativas para descargar su agresividad como conversar sobre sus sentimientos y deseos así como las consecuencias qué pueden tener sus reacciones, también es necesario que el niño realice actividades físicas, descargar sus energías como mover con fuerza los brazos, saltar, tensar y relajar los músculos; jugar con plastilina y salir a pasear también pueden utilizarse para distraer al niño y descargar la emoción.
  • Dirija la agresividad del niño hacia conductas socialmente aceptadas, es necesario no dejar pasar una bofetada, un peñisco o golpe, reconduzca ese comportamiento hacia un gesto alternativo, por ejemplo, guíe su mando y dígale “choca esos cinco” o dígale “no se pega al compañero, se da cariño, abrazo” y lo instigamos físicamente a abrazar y brindar afecto al compañero.
  • Intervenga en caso de peleas con otros niños, si observa que su niño pega al otro por obtener un juguete, dígale “no pegamos a otras personas, cuando yo quiero algo de ti no te pego para conseguirlo, te lo pido amablemente” convérsele, si es mayor de 3 años, oriéntelo hacia la reflexión, le puede preguntar, “cómo te sentirías si te pegara a ti”.
  • La técnica del tiempo fuera: Puede retirar al niño de ambiente de juego por unos minutos hasta que se tranquilice, de esta manera asociará su comportamiento con el castigo y aprenderá a reflexionar sobre su conducta.
  • Esta categoría , la más específica nos muestra los argumentos disonantes al interior de las familias; mientras por un lado se oyen gritos, descalificaciones, aplastamientos verbales en la manera de vincularse entre cónyuges, entre hermanos o con los hijos, por otro, se reniega de las actitudes de ellos en el ámbito escolar. Se trata aquí de un tema de lealtad con las maneras de SER, de su sistema familiar, sintonizarse, ser concordante y pertenecer.
¡Yo quiero ser tu hijo (a), no tu papá!
  • Otra condición común se origina a partir de la invasión de roles. La madre o el padre, exige al niño tomar un lugar que no le corresponde; le pide verbal o afectivamente apoyo, le hablan de papá o mamá, quiere su aprobación. En resumen la madre o el padre (a menudo la mamá) se comporta como hija, no como mamá y como resultado el niño ante ese peso, reacciona con respuestas que buscan parar, distanciar al adulto trasgresor del orden. Esta transposición rompe la jerarquía.
¡Arreglen sus asuntos!
  • Otra manera de explicar conductas agresivas o de distanciamiento cortante de los niños se da cuando los padres tratan de tironear de ellos, para quedarse con su gusto o ponerlo en las filas del pretexto ante una inminente separación, otras respuestas son depresión infantil y enfermedades psicosomáticas
¡Yo tengo el poder!
  • Existen algunos casos que están asociados a narcisismo infantil, es decir que han aprendido a manipular la conducta de su ambiente (padres, hermanos, abuelos, etc) gritando, haciendo berrinches o autoagrediendose.
  • Existen otras causas e influencias culturales que apoyan un desarrollo fascista de la conducta humana. Tengamos en cuenta que el amor y el orden son relevantes al hablar de niños, saber quien soy y recordar que rol tengo puede marcar la diferencia. Los niños necesitan tener claro su lugar al interior de la familia y esto les protege, los alivia. Esto es amor conciente.
Recomendaciones a seguir:
  • Intervenir apenas se observe que se pueda producir una conducta agresiva, la cual se puede dar en una situación de frustración o que le cause alteración.
  • Identificar las situaciones que lo hacen actuar agresivamente y supervisarlos cuando estos se produzcan para evitar daños.
  • Si el niño ya se encuentra en una actitud agresiva con otro niño, intervenir inmediatamente, separarlos y atender al niño agredido aunque no sea su hijo(a), luego habrá oportunidad para hablar con él, pero debe ser el mismo día.
  • Si estas conductas se presentan en el niño a temprana edad con los padres (jalan el cabello, dan bofetadas, etc.) detenerlo inmediatamente, ponerle límites y decirle que eso NO se hace porque duele.
  • Enseñar al niño a que comunique cuando alguien lo está molestando para que sea el adulto quien guíe su respuesta, no que solucione el conflicto sino para darle recursos adecuados. Por ejemplo, su alguien le quita algo decirle “dile- es mío-“ y el niño deberá repetirlo. Luego podrá intervenir para que le devuelva.
  • Evitar usar actitudes agresivas para corregir este tipo de comportamientos, esto sólo alentará al niño a seguir haciéndolo porque verá que se puede conseguir las cosas con violencia.
  • Si bien es cierto que las peleas entre hermanos son comunes, no deben ignorarse como si se tratase de algo correcto.
  • Si esta actitud persiste y escapa de sus manos, lo mejor será recurrir a un especialista (psicólogo).


Informacion obtenida de: http://www.cosasdelainfancia.com/biblioteca-compor16.htm

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